La curiosidad y el secreto

Pocas cosas son tan irresistibles como la curiosidad y pocas más seductoras que la develación de un secreto. Quizá la acuciante necesidad de conocer de lleno aquello de lo que sólo tenemos vistazos, sea la que nos ha llevado a urdir intrigas y a fascinarnos cuando el descubrimiento de una verdad se presenta de manera paulatina, dosificada y explotando nuestro deseo de saber hasta el último momento. En El invitado (2004), del escritor griego Vanghélis Hadziyannidis, encontramos justamente una constante manipulación del lector, cuya curiosidad le hace volverse presa fácil de un laberinto de intrigas, personajes sospechosos, nombres simbólicos, descubrimientos de sucesos pasados, muertes y un experimento humano por demás peculiar.

Escrita a modo de bitácora o diario, el narrador intenta dejar testimonio de lo que le sucedió ocho años atrás, cuando apenas era un joven estudiante de arqueología y una fotógrafa lo contacta para proponerle un trato: ser el invitado de honor de una especie de club secreto que se dedica a investigar ni más ni menos que la esencia de lo humano. El trato implica que el joven se asuma como objeto de estudio, que se hospede durante quince días en el hotel Enó y que durante ese lapso de tiempo esté dispuesto a lo que los cinco miembros del club consideren pertinente para sus investigaciones; por todos estos servicios, el joven recibirá una considerable suma de dinero y, desde luego, no se le cobrará ningún cargo en el hotel.

Lo que en un principio parece un simple juego de preguntas y respuestas en un club de locos, poco a poco se va convirtiendo en un espeso ambiente de nombres sospechosos, pistas que descifrar, conductas inexplicables de los personajes y una urgencia por saber qué está pasando. El hecho de que la novela se presente con el carácter memorístico propio del texto que se supone confesional hace que la historia se llene de imprecisiones, pausas, digresiones, impresiones personales que el narrador intenta recrear con toda fidelidad, pero que sólo generan esa misma curiosidad ansiosa en el lector.

El argumento de El invitado podría quedarse en un simple juego de pistas a seguir, sin embargo resulta más complicado que eso. En muchos sentidos quien precede –simbólicamente– las prácticas del club y la novela toda es la diosa Enó, es decir, la diosa del secreto. Según la mitología referida en el texto, quienes adoraban a Enó tenían terminantemente prohibido nombrar a la diosa o representarla en imágenes, pues su emblema era el silencio y su deber proteger los secretos de sus adeptos; de hecho, el único modo como se llegó a difundir el culto a la diosa, fue por aquellos cuyos secretos se dieron a conocer públicamente y, al sentirse traicionados por Enó, escribieron su nombre y la representaron como una hermosa mujer sin boca. No está de más decir que quienes osaron nombrarla o representarla recibieron un castigo ejemplar por difundir aquello que debía permanecer oculto.

A su manera, varios de los personajes de El invitado se ven arrastrados por una serie de eventos incontrolables causados por su ansia de saber, por su curiosidad implacable y por la soberbia que suele conllevar el conocimiento exclusivo a unos cuantos. Asimismo, la entrega voluntaria de unos secretos a cambio de ciertos privilegios dentro del club, es lo que termina de enrarecer un ambiente ya de por sí nublado por la sospecha y el misterio.

Decía que los personajes del club se encargaban de investigar cuál era la esencia de lo humano y para esto elegían a sus objetos de estudio según la faceta particular que desearan explorar. En el caso del joven estudiante de arqueología, no sabemos sino casi hasta las últimas páginas por qué lo han seleccionado en realidad, cuál es esa faceta de lo humano que él evidencia con mayor desenvoltura… Aun así, uno ha ido atando cabos y como lector se da cuenta de que en todo momento, desde la primera página, ha sido manipulado por su deseo de conocer, que a lo largo de la lectura su propia soberbia se ha ido ganando un lugar en la intriga, en fin, que la flaqueza humana que ha llevado al joven a relacionarse con la gente del club y a vivir la experiencia que está narrando, es exactamente la misma que al lector le ha hecho devorar el libro hasta el final.

Eso es lo que queda de uno a flor de piel después de leer El invitado: haber experimentado la ansiedad por el conocimiento, el deseo irrefrenable de saber algo que nadie más sabe, la soberbia de quien se asume más inteligente que los otros, la curiosidad capaz de cualquier cosa…

Y sin embargo no he arruinado la historia, porque me he cuidado de no decir el secreto que guarda la novela y que es también el de la diosa Enó (ya sabemos que su castigo es ejemplar).

 

 

Hadziyannidis, Vanghélis. El invitado. Trad. Inés Martín Expósito. Salamanca: Témpora, 2007.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s