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La Antología ecuatoriana, proyecto nacionalista de J. L. Mera

Cariño de perro* Una versión de este texto fue publicada en La risa en 
los cantares del pueblo ecuatoriano (ver bibliografía).

Tras el derrumbe de la monarquía hispánica, el problema fundamental que enfrentaron intelectuales hispanoamericanos de la primera mitad del siglo XIX fue definir en términos jurídico-políticos las naciones recién emancipadas (Portillo 35). A los intelectuales que vinieron después les tocó, en cambio, la delicada empresa de construir la nación desde el punto de vista cultural. Con este objetivo, muchos ideólogos nacionalistas volvieron la vista a lo autóctono: al pueblo y sus costumbres, sus hábitos, sus vestimentas, sus creencias, y sus demás producciones. Los intelectuales estaban convencidos de que en éste podrían apreciarse los elementos básicos que alcanzarían para distinguir y delinear la identidad de las nacientes repúblicas (o sea, para marcas sus diferencias), a la vez que para cohesionar cada una en torno a su propio núcleo.

La publicación de la Antología ecuatoriana: Cantares del pueblo ecuatoriano (1892), compilada por el literato e ideólogo Juan León Mera Martínez (1832-1894), autor del himno del Ecuador, es un testimonio de ese proyecto de fundación cultural, pero también del esfuerzo privado de Mera por construir una imagen nacional y nacionalista: acopió los cantos del pueblo buscando en ellos la raíz de la identidad ecuatoriana. Para Mera, hijo de su tiempo, las manifestaciones folclóricas traslucían la identidad nacional, inseparable de la cultura popular. No obstante, los Cantares registran “la ambivalencia de la tarea iluminista que excluye a lo popular de lo culto y el afán romántico que valora sus producciones” (Paredes 22).

Al igual que algunos de sus contemporáneos, Mera abrazó la idea de una gran nación hispana, compuesta por España y las nuevas repúblicas americanas, y trabó diálogo epistolar con españoles reconocidos como autoridades en materia lingüística, como Antonio Rubió i Lluch y Juan Valera. En una de sus cartas a este último, Mera escribió que las letras hispánicas e hispanoamericanas forman el acervo literario de una enorme familia. En efecto, aunque hayan sido concebidas por el ingenio del Ecuador y estén salpicadas de expresiones propias de allá ―en castellano o en quechua―, las coplas reunidas en los Cantares deben comprenderse tomando en cuenta su parentesco con la lírica popular hispánica en su conjunto. Muchas de esas cuartetas delatan la convivencia del “color local” ecuatoriano con el legado español, con otras líricas populares americanas e, incluso, con la poesía “ilustrada” (Mera v-ix).

La afición de los colegas europeos de Mera por las manifestaciones populares y las lenguas aborígenes de América lo impulsó a recuperar los cantos del folclore ecuatoriano y divulgar su antología, auspiciada por la Academia Ecuatoriana de la Lengua (Harrison 163), adelantándose en años a la tarea realizada por filólogos y folcloristas del siglo xx en Hispanoamérica.

 

Perspectiva y censura del compilador

Dedicado a la búsqueda del alma ecuatoriana, Mera exaltó los valores populares y recolectó los cantares del pueblo, mas su tendencia romántica e iluminista lo llevó a depurar los versos de su antología. Por lo tanto, en los Cantares hay dos tipos de censura: exclusión y enmienda.

Dado su conservadurismo, Mera excluyó las cuartetas ofensivas, en donde “se ha tratado de lastimar el buen nombre de algunas personas” (x), y las obscenas. El autor aseguró haberlas descartado por ser contrarias o ajenas a “las creencias é índoles de los ecuatorianos, especialmente de los de humilde esfera”, pero en realidad la censura se debió a la moral y religión del compilador, quien inclusive reconoció que el pueblo “se muestra á menudo poco o nada escrupuloso en forjar coplas de verde subido”, y “por desgracia, su vena abunda también en obscenidades y frases de repugnante bascosidad” (iv). No obstante su participación en las discusiones relativas a la separación del Estado y la Iglesia en el Ecuador del último tercio del siglo xix, cuando Mera militó en el bando republicano, católico, pro clerical (Cárdenas s.p.), tampoco incluyó algunos cantares de índole política, asegurando que ésta era un “abispero de pasiones violentas y de execrables injusticias que inspiran epigramas sangrientos y á veces nauseabundos” (x-xi).

En cuanto al segundo tipo de censura, lo fundamental es que desde la perspectiva academicista o iluminista Mera, evidente en su prólogo a los Cantares, existe una distancia insalvable entre la clase alta, ilustrada, decente, civilizada, fina, y la clase baja, ignorante, sencilla, rústica, pedestre. Con todo, reconoce:

Es necesario no menospreciar la musa popular, y se debe recoger y conservar sus frutos, escogiéndolos, por supuesto, porque de seguro son útiles por muchos conceptos; y en todo caso se honra al pueblo, que no á causa de su falta de ilustración y de sus maneras incultas deja de formar parte de la familia humana. Especialmente en el sistema republicano el pensamiento y el corazón del pueblo, sus derechos y deberes, sus costumbres y aspiraciones, son partes muy principales en la urdimbre de la vida civil y política; ¿por qué sus afectos y recuerdos, sus dolores y esperanzas expresados sencillamente en serventesios y seguidillas, no han de entrar en la vida literaria? (xxiii).

Como la intención de su antología no era “satisfacer el gusto delicado de personas cultas” (xii), el compilador toleró “algunas licencias pecaminosas, pero que en los labios del pueblo tienen cierta gracia y energía que no me desagradan” (x). Luego de titubear respecto a la pertinencia de enmendar o no las desviaciones lingüísticas de algunas coplas de su recopilación, y movido por su celo edificante, Mera alineó las flores de ese “Parnaso popular”, admitiendo, sin embargo, vocablos castellanos “de peregrina significación” y voces indígenas, “mayormente cuando no vulneran las leyes de la gramática”, porque en ellas también radicaba el “carácter popular-ecuatoriano” (x). Desafortunadamente, Mera no especificó cuáles fueron las enmiendas y variaciones obradas por su mano.

A manera de muestra, y para invitar al lector a acercarse a este libro, pongo a continuación algunas de las imágenes (coplas populares incorporadas a las conocidas Someecards) que creamos a partir de él y que estamos compartiendo en las redes sociales de nuestro proyecto Libros de Baubo, biblioteca digital gratuita de estudios sobre la risa. Adjunto las que ya compartimos en nuestra fanpage de Facebook y en nuestra cuenta de Twitter. El lector puede leer y descargar gratis en Internet Archive la edición de la Antología que he citado a lo largo de este breve texto.

Amor e interés
Don Baltasar

En eso me desperté

Escabeche para mí

Estaba sano

La Margarita

Le empieza el escalofrío

No se usa aquí pantalones

Robado el cáliz

 

 

Bibliografía

  • Antonio Romero, Dahlia y Silvia A. Manzanilla Sosa (sel. y apuntes introductorios). La risa en los cantares del pueblo ecuatoriano. México: Ediciones Sin Nombre, Conacyt, Universidad de Sonora, 2011.
  • Harrison, Regina. Entre el tronar épico y el llanto elegíaco: simbología indígena en la poesía ecuatoriana de los siglos XIX-XX. Quito: Abya Yala/Universidad Andina Simón Bolívar, 1996.
  • Mera, Juan León (comp.). Antología ecuatoriana: cantares del pueblo ecuatoriano. Quito: Universidad Central del Ecuador, 1892.
  • Paredes, Sofía. Travesía de lo popular en la crítica literaria ecuatoriana. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar/Corporación Editora Nacional, 2000.
  • Portillo Valdés, José María. “«Libre e independiente». La nación como soberanía” en Alfredo Ávila y Pedro Pérez Herrero (comps.). Las experiencias de 1808 en Iberoamérica. México: Universidad de Alcalá/Universidad Autónoma de México, 2008, 29-48.
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Acerca de samanzanilla

Yucatán, México, 1979. Doctora en Literatura Hispanoamericana y Maestra en Literatura Mexicana por la Universidad Veracruzana. http://independent.academia.edu/SManzanilla

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