Comentario a La sospecha, de Dürrenmatt

la-sospecha-friedrich-durrenmatt-190611-MLC20598899031_022016-OLa sospecha, del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt (1921-1990), es una obra singular. En un principio, varios de sus elementos sugieren que se trata de una “novela negra”: Hans Bärlach, un viejo comisario recién jubilado, a quien acaban de practicarle una intervención quirúrgica de la cual apenas se está recuperando, se topa por casualidad con una fotografía de 1945 que despierta en él una vehemente inquietud que lo llevará a emprender por cuenta propia una última investigación, cuyo centro de atención será el médico Fritz Emmenberger, propietario de una lucrativa clínica privada; Bärlach sospecha que Emmenberger es, en realidad, el cruento médico nazi Nehle, famoso por su sadismo y por realizar operaciones sin anestesia en Stutthof (Ciudad libre de Dánzig, actualmente Gdansk, Polonia), el primer campo de concentración construido fuera de Alemania por los nazis. Este campo existió y hoy un museo lleva su nombre: Museo Nacional de Stutthof.

Campo de concentración de Stutthof en 2008. Fuente: Wikipedia.
Campo de concentración de Stutthof en 2008. Fuente: Wikipedia.

Las acciones narradas en la novela tienen lugar en Berna y en Zúrich, Suiza, durante los últimos meses de 1948 y los primeros de 1949. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en la gran mayoría de las llamadas “novelas negras” o detectivescas, la sospecha de Bärlach se confirma casi en las primeras páginas… Emmenberger es Nehle, pero esa información es lo de menos. Lo verdaderamente interesante de la novela está dado en los diálogos de los personajes, en su enfrentamiento y, a la vez, en sus encuentros… si acaso los hay. La novela entraña una verdad terrible y simple: la naturaleza humana es el misterio más profundo de cuantos nos quitan, o pueden quitarnos, el sueño.

Desde sus primeros asedios a Emmenberger-Nehle, Bärlach cuenta con el apoyo de Samuel Hungertobel, también médico y amigo muy cercano del comisario. Los demás personajes que completan el mundo narrado son igualmente extraños. Gulliver es “un judío gigantesco, vestido con un viejo caftán, cubierto de manchas y raído” (40), quien por azares del destino sobrevivió a algunos campos de concentración –incluido el de Stutthof– y a algunos de los peores ejemplares de la humanidad –incluido Nehle–, por lo que se ha convertido en un muerto, un fantasma, un espectro; Fortschig, un periodista mediocre y alcohólico, inconforme con su miserable situación pero dispuesto a venderse al mejor postor; Kläri, la enfermera que recibe a Bärlach cuando éste se interna con un nombre falso en la clínica dirigida por Emmenberger, con la intención de desenmascararlo; la notoriamente guapa doctora Marlok, adicta a la morfina, amante de Emmenberger y, paradójicamente, judía sobreviviente del campo de concentración de Stutthof; y un “enano” animalesco que a ratos se comporta como una mascota, y a ratos como un asesino a sangre fría.

La novela está dividida en dos partes: la primera ocurre en Berna a finales de 1948, y la segunda en Zúrich, en los primeros días de 1949. En una ingenua jugada ofensiva, Bärlach comete un error colosal que lo expone ante Kläri, Marlok y, por supuesto, ante Emmenberger-Nehle. En cuanto advierte su error, el comisario también advierte que ha puesto en peligro a Fortschig y a Hungertobel, pero no tiene forma de enmendar su falta. Sin perder el tiempo, Emmenberger-Nehle manda asesinar al primero, planea asesinar al segundo y le anuncia al propio Bärlach que lo asesinará en cuestión de horas… A partir de entonces, el relato se convierte en un discurso a contrarreloj. Las últimas páginas son, en teoría, las últimas de la existencia del viejo comisario. Asumiendo que Bärlach pronto estará bajo tierra, Kläri, Marlok, y aun Emmenberger-Nehle se permiten hacerle confesiones terribles, brotadas de lo más oscuro e implacable del corazón humano. Gracias a esta ronda de confesiones, La sospecha termina por convertirse en algo más que una simple “novela negra”: nos presenta con sereno espanto algunos de los peores repertorios de lo humano que el siglo XX, el funesto siglo XX, se encargó de desplegar.

Cierro este brevísimo comentario recomendándole al lector curioso esta novela que, pese a su aire ingenuo, es un bofetón con guante blanco. En mi opinión, el libro vale mucho la pena.


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