Reseña de El incidente, de I. Ezban

PosterEl incidente (México, 2014), dirigida por Isaac Ezban (1986), ha generado opiniones contradictorias: algunos aseguran que es una de las mejores películas de ciencia ficción o un excelente thriller de ciencia ficción; otros arremeten contra ella, tachándola de ambiciosa, desordenada y mal hecha; otros más, quizá con cierta suspicacia, no la tildan de buena o mala, sino de atípica, intrigante, sugerente, inquietante, diferente… al menos, en el panorama del cine mexicano. En lo personal, creo que vale la pena ver El incidente, porque la película tiene sus tropiezos, pero no por ello deja de ser una propuesta valiosa por sus amplias miras. Ezban, de treinta años, nació en México en 1986 y hasta el momento su trayectoria se compone de los cortometrajes Subway to Hell Subway to Hell (2007), Kosher Spaghetti (2008), Cookie (2008), Hambre (2009), El secreto de Martín Cordiani (2009), El judío que todos llevamos dentro (2009) y Cosas feas (2010), y los largometrajes El incidente y Los Parecidos (2015). En este año en curso Ezban presentaría otras dos películas: Disturbance y Aztech.

El incidente se organiza al modo de una cadena cuyos eslabones son historias fundadas sobre paradojas y conectadas entre sí a través de los personajes y de un reducido número de elementos (el sonido de una explosión, una mochila llena de objetos que se multiplican diariamente, una pieza musical). En este sentido, es importante hacer notar que se trata de historias sucesivas, no paralelas, como afirman algunos críticos, aunque sí son narradas como si fuesen paralelas. La cinta refiere completas dos historias, si bien sintetiza dos anteriores (la más antigua ocurre en un tren; la siguiente, en una balsa) y anuncia dos posteriores (la inmediata posterior ocurre en un pasillo de hotel, la última probablemente en unas escaleras eléctricas). No obstante, hay un segundo nivel de historias, que sí son paralelas y que ocurren en un universo distinto del que vemos en la cinta. Pocas veces se comenta este detalle, que hace de El incidente una suerte de distopía, como lo explicaré más adelante. Antes, pongo el tráiler por si el lector aún no ha visto la película. De paso, una advertencia: si el lector no ha visto la película y desea ser sorprendido por ella, o si no amante de los spoilers, le sugeriría que mejor no lea los próximos párrafos.

 

 

La cinta comienza con la historia de dos hermanos (Humberto Busto y Fernando Álvarez) asediados por un detective (Raúl Méndez) que va a buscarlos al departamento en donde viven y, cuando éstos huyen por las escaleras del edificio, los sigue con la pistola cargada…

Incidente escaleras

Se escucha el ruido de una explosión (no sé explica qué ocurrió) que congela el tiempo. Casi sin querer, el detective le dispara a uno de los hermanos y mientras los persigue los tres descubren con horror que se encuentran en una Escalera de Penrose. El resto de la historia ocurre en esas escaleras, en un plano vertical ascendente o descendente infinita, y dura 35 años.[1] Los objetos de este mundo vertical se multiplican hasta el hartazgo, brindando alimento a los personajes. El joven/adulto se encarga de mantener en orden los objetos, clasificándolos metódicamente y reutilizándolos (por ejemplo, orinan y defecan en botellas de plástica vacías); en contraste, el adulto/viejo sólo dispone de los objetos.

Escalera de Penrose
Escalera de Penrose

La segunda historia que se narra es la de una familia integrada por una mujer (Nailea Norvid), su esposo (Hernán Mendoza) y los dos hijos de ella (Paulina Montemayor y Gabriel Santoyo), quienes emprenden un viaje por tierra en dirección a la playa.

Incidente carretera

Estando en la carretera deciden hacer una rápida parada en la gasolinera. Escuchan el sonido de la explosión que anuncia el congelamiento del tiempo, y al poco rato la niña padece un ataque de asma… El esposo destroza accidentalmente el inhalador. Pronto la familia descubre que la carretera es una especie de esfera –a mi juicio, no se trata de una banda Banda de Möbius, como algunos han propuesto– sin principio ni final, en donde delante se convierte en atrás, izquierda en derecha, y viceversa.  El resto de la historia ocurre en esa carretera esférica, en un plano horizontal infinito, y dura 35 años.[2] Los objetos de este mundo horizontal también se multiplican hasta el hartazgo, brindando alimento a los personajes, pero, al contrario de lo que ocurre en la historia de las escaleras, el niño/joven ordena los objetos en torno a sí, mientras que los adultos/ancianos los desordenan y terminan por convertirse a sí mismos en despojos.

Esfera
Esfera

He explicado ya cuáles son los dos eslabones centrales de la cadena. Ahora explicaré cómo se unen esos ambos. LE RECUERDO AL LECTOR QUE A CONTINUACIÓN VIENEN LOS SPOILERS. Al cabo de los 35 años de cada historia, el personaje de mayor edad cobra consciencia súbita de la inminencia de su muerte (futuro) al tiempo que de su identidad olvidada (pasado). Uno de los puntos más débiles de El incidente es justo éste, que debería ser uno de los más fuertes, por su relevancia: la epifanía o la revelación (sobrevenida por la frase: “Así somos los viejos, Daniel”), que echa a andar nuevamente el tiempo. La verdad revelada es la naturaleza fantástica o ficticia (de “ciencia ficción”), si se quiere, del mundo construido en la película y de la identidad de los personajes. Por desgracia, la revelación es demasiado prolija: por un lado, demora demasiados minutos en ser enunciada por los personajes (aproximadamente diez minutos); por el otro, la información es excesiva, y este exceso estropea en buena medida la ambigüedad sobre la que está construida la película. Numerosos críticos se han ensañado con este fallo, que les parece imperdonable. No obstante, creo que la saña ha hecho que se pierda de vista la suerte de distopía que yace tras la revelación: el mundo narrado en El incidente existe paralelo y ajeno al mundo en el donde vive el espectador de la película (y el lector de esta nota), y los personajes son una “versión alterna a la realidad”. Este mundo paralelo es una trampa, o algo peor: el movimiento físico y emocional de los personajes que lo habitan sustentan el mundo real, al modo de una maquinaria, un engranaje que con su tracción provee de energía a algo más. El carácter irreal del mundo narrado se materializa en un elemento que, de otro modo, es imposible de explicar: el hámster que aparece en la historia de la carretera y en la del pasillo (no se cuenta, pero se anticipa). Si tuviese que aventurar una fecha para los hechos narrados, serían las siguientes:

  1. Tren:                1914-1949.
  2. Balsa:              1949-1984.
  3. Carretera         1984-2019 (hámster)
  4. Escaleras:        2019-2054.
  5. Pasillo:            2054-2089 (hámster)

Evidentemente, ningún hámster puede vivir semejante cantidad de años (cuanto menos, son 70). Tal vez quepa identificar ese hámster con una tercera forma de temporalidad. Me explico. El mundo en donde el espectador, el lector y yo vivimos es un mundo abierto, lineal, que no se detiene; el mundo de los personajes de El incidente es un mundo semiabierto, eslabonado, que se mueve en lapsos de 35 años; pero del hámster no se dice si existe o no fuera del universo de la película (se supone que los personajes de El incidente tienen un “yo real” que vive en el “mundo real”), y bien podría existir sólo en un mundo cerrado. Lo único que sabemos de animalito es que el tiempo no parece afectarlo, como si nos afecta a nosotros (al espectador, al lector y a mí) y a los personajes de El incidente. Acaso sea significativo que se trate de un hámster –no de otro animal–, pues su elemento característico es el círculo de la rueda en donde suelen entretenerse y ejercitarse. Ofrezco esta interpretación como una lectura personal, ya que no es fácilmente demostrable.

hámster

Hay otro aspecto importante de esa distopía: sugiere que el mundo ficticio está a cargo de “alguien” que lo dispone todo para engañar a los personajes y hacer que los “incidentes” se sucedan. Conviene recordar aquí los significados que, según el diccionario de la Real Academia Española, tiene la palabra “incidir”:

  1. intr. Caer o incurrir en una falta, un error, un extremo, etc.
  2. intr. Sobrevenir, ocurrir.
  3. intr. repercutir (‖ causar efecto una cosa en otra).
  4. intr. Caer sobre algo o alguien.
  5. intr. insistir (‖ repetir o hacer hincapié).

Como vemos, el título de la película concentra la idea de repetición y encadenamiento, así como la de una falta cometida, su repercusión y una coyuntura. Estos elementos se relevan también en la epifanía de los personajes. El esposo y el detective, ya ancianos, les transmiten sus respectivas verdades a los jóvenes que se quedaron “atorados” junto con ellos en la carretera y en las escaleras, previniéndolos de repetir la falta (el incidente) que ellos habían cometido: abandonar un universo espaciotemporal irreal para entrar en otro, en donde enseguida olvidan su nombre y cometen otro “incidente”: la detención del tiempo y una muerte, que generan movimientos físicos y emocionales que siguen nutriendo el mundo “real”. La identidad del creador, inventor o hacedor de esta perversa maquinaria jamás se revela.

Cierro aquí mi comentario sobre El incidente. No analizo los aspectos técnicos o estilísticos de la película porque ya lo ha hecho gente más preparada que yo en ese rubro; tampoco los guiños intertextuales de la película porque ya han sido observados por varios críticos, además de que muchos de ellos son obvios. Me limito a recuperar tres de esos guiños, que son especialmente destacables: la multiplicación de la novela Time out of Joint (1959) de Philip K. Dick –en la cual se da cuenta de un mundo distópico–, la incorporación de la litografía Convexo y cóncavo (1955) de M. C. Escher –está en la casa de la familia de Daniel–, y la referencia la película argentina Moebius (1996) de Gustavo Mosquera, que sería parte de la historia-eslabón más remota a la que alude. Me parece que estos guiños sugieren una línea de lectura e intentan perfilar una filiación genérica.

Time out of Joint (1959) de Philip K. Dick
Time out of Joint (1959) de Philip K. Dick

 

Convexo y cóncavo (1955) de M. C. Escher
Convexo y cóncavo (1955) de M. C. Escher

 

Póster de Moebius (1996) de Gustavo Mosquera
Póster de Moebius (1996) de Gustavo Mosquera

Si el lector tuvo la curiosidad suficiente para llegar hasta esta parte del texto, me atrevería a recomendarle que vea o vuelva a ver El incidente. Como ya dije, tiene fallos –las actuaciones de Nailea Norvid y Hernán Mendoza son malas; la fotografía y la iluminación no funcionan bien en determinados momentos, la edición podría mejorarse, etc.– y aciertos, pero para mí los segundos pesan más que los primeros. Además, se trata de una película a la que la crítica todavía puede sacarles mucho jugo. Por ejemplo, se podría analizar el sentido del contraste que establece entre la juventud y la vejez (este contraste es uno de los más criticados, por su aparente simpleza y porque su planteamiento hace que parezca un prejuicio: la juventud es siempre activa y adaptativa, la vejez es siempre pasiva y reacia al cambio), la concepción de la temporalidad, la tradición estética a la que podría vincularse esta película, su filiación genérica (¿es suficiente o pertinente clasificarla como “ciencia ficción”?), etc.

[1] El detective es interpretado por Gabriel Santoyo (niño), Raúl Méndez (adulto) y Leonel Tinajero (anciano). Uno de los hermanos interpretado es por Fernando Álvarez (joven) y Héctor Mendoza (adulto).

[2] El esposo es interpretado por Santiago Mendoza (niño), Hernán Mendoza (adulto) y Marcos Moreno (anciano). El de la esposa es interpretado por Nailea Norvid y Magda Brugengheim (anciana). SPOILER: el hijo de ésta será después el detective de la primera historia. Así descubrimos que la historia de las escaleras se narra primero pero es posterior, cronológicamente hablando, a la de la carretera.


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