Razones para querer olvidar. Comentario a “Quién te cantará”

quien-te-cantaraUna mujer yace inconsciente a la orilla del mar mientras otra intenta salvarla. Cuando al día siguiente despierta en la cama de un hospital, la mujer ha olvidado hasta los detalles más nimios sobre su vida. Su mano recorre muy despacio las sábanas blancas, luego su pecho, su cuello y por último su rostro. Es una mano de uñas doradas, salvo una que ha perdido, que avanza como buscando reconocer lo que la memoria es incapaz de evocar. La mujer está en silencio y su mirada fija expresa el vacío que hay en su interior, así como una especie de desconcierto paralizante que la deja muda. No puede recordar si tiene casa, ni tampoco que es crudívora y mucho menos que ella es Lila Cassen, una célebre cantante que lleva diez años sin subirse a los escenarios. A grandes rasgos este es el inicio de Quién te cantará (2018), el más reciente largometraje del director madrileño Carlos Vermut (Diamond Flash, Magical Girl), protagonizado por Najwa Nimri, Eva Llorach, Carme Elías y Natalia de Molina.

El conflicto de Lila Cassen (Najwa Nimri) no es sólo el de haber perdido la memoria, sino el de estar comprometida a ofrecer diez conciertos en un par de meses cuando no recuerda sus canciones, ni cómo cantar ni bailar ni desenvolverse en el escenario. Blanca Guerrero (Carme Elías), su amiga más cercana y agente, devota de Lila durante los últimos diez años, le ha puesto las opciones sobre la mesa: hacer esos conciertos y retomar su carrera truncada, o vender la imponente casa frente al mar de Rota, Cádiz, en la que vive y retirarse definitivamente de la vida pública. Pero después del incidente en la playa, Lila es una página en blanco y lo único que lleva dentro es el ritmo de una canción muy lejana que parece retumbar en todas las cosas, todo el tiempo, y que la va a hacer reventar.

El problema para decantarse por la primera opción es que Lila tendrá que aprender a ser Lila y sólo se le ocurre hacerlo solicitando la ayuda de una fan imitadora suya que ha visto interpretarla en un video en línea. La imitadora se llama Violeta (Eva Llorach), es una mujer que trabaja por las noches en un bar karaoke y cuyos únicos momentos de verdadera vitalidad tienen lugar cuando se caracteriza como Lila Cassen e interpreta sus canciones en el bar. Fuera de esos episodios donde su cuerpo todo parece revivir a la cantante, su vida se ve cruelmente atravesada por los constantes chantajes, maltratos y amenazas de suicidio de su hija de 23 años, Marta (Natalia de Molina).

Lila espejoMediante la intervención de Blanca, Violeta firma un contrato para ayudar a Lila a recordar, y si esto no es posible, por lo menos a enseñarle cómo ser Lila Cassen en la escena; y claro, es un contrato en el que también se compromete a la más absoluta discreción respecto a la amnesia y la situación general de la cantante. A lo largo de estos sucesivos encuentros en casa de Lila, se establece un curioso juego de imágenes contrapuestas de las dos mujeres expresado no sólo en sus trayectos de vida, sus secretos y temores, sino en la forma como paulatinamente se van mimetizando. Asimismo, esta relación especular se ve enfatizada por los claroscuros en los que se mueve Lila Cassen en su propia casa. Su rostro, tan definido, se muestra fijo, entre sombras, como evocando la bruma que cubre su memoria. A veces, se mira duplicada, como si la Lila de antes, la que sí sabía cantar y bailar, se situara frente a ella para que pudiera imitarla y otras veces, se le presenta junto a una pared blanca como si estuviera a punto de fundirse con ella. A esta Lila de antes, cabe decirlo, nunca le vemos el rostro.

La relación especular entre ellas se construye también con las paulatinas semejanzas en el físico, con los elementos que Lila empieza también a adoptar de la propia Violeta y la transformación de Violeta en Lila por las noches. Ciertas tomas recuperan ese juego a través de los espejos y de los gigantescos ventanales de la casa, de las fotografías de la diva en diversos espacios (su estudio, en el cuarto de Violeta, en una camiseta) y de la secuencia coreográfica con la que culmina esta especie de fusión reflejo entre ellas, y en la que danzan al ritmo de Quién te cantará (Mocedades), una detrás de la otra, sincronizadas, como un cuerpo y su sombra.piscina quien te cantara

Como telón de fondo a todo lo anterior está el mar. Un mar a veces sereno, iluminado de azules por un sol esplendoroso; otras, de tarde, teñido de anaranjados y rosas apenas embravecido; y por las noches, sólo se le escucha rugir y se le miran apenas los ribetes blancos de sus olas. Como sea, es una constante presencia que, como la música, va sosteniendo la carga emotiva de los personajes, complementando la luz y la oscuridad que llevan dentro.

Hay una escena donde contemplamos a Lila de perfil, en su habitación, vocalizando. Repite la sílaba “ma”, como si dijera “mamá” subiendo de tono al cambiar de nota. No sabemos si ese llamado implícito es invocación o reclamo, sólo sabemos que culmina con un grito desgarrador que hace eco a una circunstancia de vital importancia tanto para Violeta como para Lila: para una el ser madre y para la otra el haber tenido que ser hija. La expresión de la maternidad en ambos casos es conflictiva, violenta, hostil; impone a los personajes un peso excesivo desde el cual se explora la posibilidad de tentar las tendencias autodestructivas de la hija y la madre para librarse de ellas, pero no de todo lo que representan.

El peso de la maternidad para Violeta se va acumulando a lo largo de esta historia en una actitud de contención, de pasividad casi sumisa, y así, sólo la miramos en una toma fija, sentada en la silla del comedor, llorando, con la mirada perdida, mientras la música electrónica a todo volumen marca el ritmo de la furia de Marta, de sus gritos, sus amenazas, de los cristales que va destrozando en toda la casa. El silencio de Violeta es brutal y lo es más cuando sabemos que ella dejó de cantar el día que nació Marta. Para Lila, el haber tenido que ser hija de una adicta fue lo que la llevó a cantar por primera vez y aunque encontró en la música un modo provisional de salvar a su madre y hacerse de una carrera, la condena implícita en esa relación se sigue cumpliendo aún pasados los años.

marCon estas tensiones amenazando el presente de los personajes, las vidas de la diva musical y su fan se miran en una encrucijada que sólo podrá resolverse tomando decisiones irrevocables y contundentes, y lo que inició en apariencia como una historia más donde alguien pierde la memoria y se ve forzada a recuperarla, pronto se ha transformado en una evidencia de hasta dónde nos puede alcanzar nuestro pasado, de cuán endebles son a veces los cimientos sobre los que levantamos nuestra identidad, de lo poco que hace falta para llevarnos al límite, de las muchas razones que tenemos para querer olvidar.

Sosteniendo esta historia, hay una memoria musical que se va manifestando en todo el filme y culmina con una interpretación soberbia de Najwa Nimri y Amaral de “Procuro olvidarte”. Pero la belleza toda de Quién te cantará está en el perfecto ensamblaje de todas las piezas musicales, visuales e interpretativas, y en los muchos detalles sutiles estableciendo correspondencias y que articulan esta historia de principio a fin.


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