La ruta del rayo luminoso I: reseña de la película Arrival

¿Por qué lxs humanxs somos incapaces de “recordar” nuestro futuro? O, formulando de otra manera la pregunta, ¿por qué podemos conocer el pasado y el presente, pero no el futuro? Quizá muchxs tuvimos esta duda en algún momento de nuestras vidas y, con toda seguridad, nadie ha sabido darnos una respuesta satisfactoria, por la sencilla razón de que no la tenemos… aun cuando sí hemos advertido, a partir de una nueva comprensión del espaciotiempo, que el tiempo se mueve necesariamente en una dirección única: la misma en la que se expande el universo. La ciencia todavía no está condiciones de decirnos algo más. Por fortuna, contamos con la potencia del arte para seguir pensando el problema e imaginar horizontes posibles. En esta primera entrega voy a comentar Arrival, una película de 2016 dirigida por Denis Villeneuve, con un guion de Eric Heisserer. En la segunda entrega hablaré del relato original que dio origen a la película: Story of Your Life (1998), de Ted Chiang.

El argumento de la narración y el de la película son casi idénticos: una lingüista y un físico son contratados por el Gobierno estadounidense para establecer comunicación con lxs extraterrestres que acaban de estacionar sus naves en la atmósfera terrestre y se muestran interesadxs en establecer un diálogo con nuestra especie. En el relato, conocemos la historia en la voz y desde el punto de vista de la lingüista, Dr. Louise Banks, quien le va contando a su hija Hannah –de ahí el título: la historia de tu vida– sus experiencias como madre y varios pasajes de su labor como traductora de lxs aliens. La película, en cambio, no está presentada de manera sostenida desde una primera persona, si bien sí focaliza la consciencia de Banks, gracias a lo cual presenciamos lo que ella piensa, siente o recuerda. Ambos productos artísticos sacan provecho de sus cualidades particulares: el relato se beneficia de su capacidad para representar el discurso verbal, mientras que la película juega con los beneficios de poseer una estructura narrativa además de la voz (narración propiamente dicha) de la protagonista.

Llegado este punto, me veo en la obligación de anunciar que en esta nota habrá spoilers (intentaré reducirlos). Contrario a lo que, tal vez, podría esperarse, como ya dije, voy a hablar primero de la película. Pongo el tráiler.

La película inicia con la llegada de alienígenas, y la consecuente alteración de la vida cotidiana a nivel global. Doce naves espaciales se han posicionado en distintos lugares del orbe: Estados Unidos, Groenlandia, Venezuela, Gran Bretaña, Sierra Leona, Sudán, Pakistán, Rusia (hay una nave en Siberia y otra en el Mar Negro), China, Japón y del Océano Índico. Pronto se difunde la noticia de que están tripuladas. Y, en efecto, lo están… Se trata de lxs heptápodxs, unas criaturas con apariencia de enormes pulpos de siete patas o unas gigantes manos con dedos extra, e inteligencia muy superior a la humana. Estando en su universidad, Banks (Amy Adams) es contactada y reclutada por militares (Forest Whitaker), y posteriormente trasladada al campamento de trabajo, con la misión de intentar descifrar el lenguaje de lxs heptápodxs. Como diferencia interesante, cabe señalar que en el relato la comunicación se da a través de unos espejos de silicio, mientras que en la película lxs protagonistxs suben a bordo de la nave espacial. Allí Banks conoce al físico Ian Donnelly (Jeremy Renner) y al resto del equipo a cargo. Tras las primeras impresiones de subir a la nave posicionada en EUA y de conocer en vivo a lxs aliens, Banks va teniendo pequeños logros y avances en la comprensión de la escritura heptápoda. Es relevante apuntar que las criaturas también poseen lenguaje oral, pero tanto en la narración como en la película el énfasis recae sobre el lenguaje escrito, por una razón muy particular: es sincrónico.

“Offer weapon”.

Me permito recordar de forma rápida que la estructura del castellano, como la de otras lenguas humanas, es linear, o sea, asincrónica, pues para formar palabras ponemos las letras una seguida de otra, nunca al mismo tiempo, y esas palabras igual las ponemos una después de la otra. Tenemos reglas que establecen el orden en el cual éstas y aquéllas deben presentarse. En Story of Your Life y Arrival el juego de sentido artístico se establece en relación con la posibilidad de que nuestro lenguaje sea determinante para construir nuestra vivencia del tiempo. Mediante la adquisición de un lenguaje no linear, la escritura heptápoda, podríamos ser capaces de aprehender el futuro al igual que aprehendemos el pasado y el presente. Entonces, el sustento no es una premia científica, sino una mera especulación desde el arte que pone en movimiento diversas verdades, hipótesis o principios de la ciencia. Conforme transcurre la película, Banks va cayendo en cuenta de que las extrañas visiones que ha ido experimentando, y que cualquier expectadorx podría confundir con recuerdos suyos, son anticipaciones de su propio futuro. Aquí viene un magno spoiler… Hannah es capaz de conocer TODO su futuro, aunque en la película sólo nos muestran una fracción de su vida: tendrá una hija con su colega Ian Donnelly –Gary, en el relato de Chiang–, pero ella morirá siendo joven. Hannah fallece tanto en la narración como en la película, aunque la causa de su muerte y la edad son distintas en una y otra.

En la película, a diferencia de lo que ocurre en la narración, la dimensión pública, global y colectiva tiene enorme peso. En el relato de Chiang no, porque lo fundamental es el vínculo entre Banks y su hija. Lo demás es casi telón de fondo. En la versión de Heisserer uno de los mayores conflictos se desata a raíz de una confusión terminológica que crispa las relaciones internacionales. Presionada por los altos cargos de la milicia estadounidense –todos ellos varones, por cierto–, Banks les pregunta a las criaturas el propósito de su visita a la Tierra y ellas responden: “offer weapon”, ofrecer arma. La respuesta de lxs heptápodxs dispara de inmediato las alarmas y siembra pánico entre los distintos los países que hasta entonces habían colaborado entre sí. Atemorizados, Rusia y China son los primeros países en dejar de colaborar y retirarse, seguidos por EUA. El pánico se extiende hasta entre lxs ciudadanxs. Como buena lingüista, Banks les recuerda a las autoridades militares que lo más conveniente sería aclarar con las propias criaturas exactamente qué significa “offer weapon”. ¿Estaban ofrecimiento un arma? ¿Querían que se les ofreciese una? ¿En verdad se referían a un arma o, acaso, más bien a una herramienta? Etcétera. Pero el miedo ha hecho de las suyas y un grupo de soldados –varones, por cierto– pone una bomba que terminará de colapsar las flamantes relaciones interplanetarias… Sin embargo, antes de la explosión, Banks logra hablar una última vez con lxs heptápodxs en una escena de atmósfera de ensueño. Comparto un fragmento.

La escritura heptápoda no es solo el pretexto para juegos visuales de gran vistosidad, sino el fundamento mismo de la trama: Banks recibe la benevolente pata de lxs aliens la capacidad de comprender su idioma, y ella pronto descubre que el nuevo lenguaje modifica de forma radical su experiencia del tiempo. Tal es el regalo que la civilización alienígena le da la especie humana. El arma prometida era un lenguaje no linear que permite percibir a una vez las direcciones del Tiempo: pasado y futuro. Con este giro, la historia de Banks adquiere una dimensión ética y hasta posibilita un debate sobre el libre albedrío: ¿si conocemos nuestro futuro, somos realmente libres, o no, porque conocer el futuro significaría que está decidido de antemano? Dejo estas discusiones para la segunda parte de esta nota.

Una de las adaptaciones de más peso de la película respecto del relato original tiene que ver, como dije, con el llamado que se hace a la dimensión global y política de colaboración entre las naciones, vista ahora como un asunto de supervivencia a futuro. De hecho, lxs alienígenas legan a la humanidad la totalidad de su lenguaje no linear… pero entregan 12 partes; es decir, cada nave proporciona 1/12 de la información. No deja de llamar la atención que la protagonista, una mujer metida en un mundo de varones, sea quien logre la unión de los países. Recordemos que los dirigentes civiles y militares son varones, los colegas de Banks son varones… Solo ella, curiosamente, logra establecer comunicación real con lxs heptápodxs. En la segunda parte de esta nota hablaré un poco más sobre este asunto.

Ahora, confieso que me pareció bastante desafortunado el cambio del guionista, Heisserer, de la causa de muerte de Hannah: en el relato fallece debido a un accidente de montañismo; en la película, muere a causa de un extraño cáncer que se manifiesta desde que es una niña pequeña. Quizá Heisserer intentó destacar, no sin un toque melodramático, el “valor” de Banks al aceptar su suerte, pero de algún modo hacia el final de la película flota en el aire una pregunta que no asoma, para nada, en la lectura del relato: ¿es justo traer al mundo a una persona que pasará gran parte de su infancia en el hospital, que vivirá sintiendo dolor, y terminará siendo consumida en plena juventud por su enfermedad? No voy a intentar siquiera dar una opinión al respecto. Me limito a señalar que la película da pie a este tipo de cuestionamientos en torno a la maternidad. El relato no tanto, porque Hannah vive su vida como cualquier persona que desconoce que morirá poco después de cumplir 25 años.

Principio de Fermat.

Cierro esta primera parte de mi nota con un comentario a propósito del título, inspirado en el Principio de Fermat, que viene enunciado en Story of Your Life: el camino seguido por un rayo luminoso para ir de un punto a otro es el que se recorre más rápido, o sea, el del “tiempo mínimo”. Una precisión posterior corrige: la luz siempre recorre el camino mínimo o, por el contrario, el máximo. Pierre de Fermat enunció en el siglo XVII, desde el horizonte de la óptica y la refracción de la luz. Chiang lo recuperó en su relato para introducir una controversia: ¿cómo puede saber o decidir la luz cuál es el recorrido más rápido? ¿Cómo puede “percibir” qué trayecto es el “camino mínimo”? Además, ¿la luz conoce de antemano a dónde quiere o puede o debe o va a llegar? Es como si la luz tuviese consciencia para calcular todas las opciones posibles en su horizonte de acción y, con el panorama completo, tuviese voluntad para tomar la decisión más conveniente priorizando el tiempo. Es como si la luz fuese capaz de percibir también poseyera el secreto de escritura heptápoda. Se trata, claro, de un guiño artístico… del que me ocuparé en la segunda entrega.


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