La ruta del rayo luminoso II: comentario al relato Story of Your Life

¿Cómo te sentirías si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijera: “Esta vida, tal como la estás viviendo ahora y tal como la has vivido [hasta este momento], deberás vivirla otra vez y aún innumerables veces. Y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer, cada pensamiento y cada suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida deberá volver a ti, y todo en el mismo orden y la misma secuencia – e incluso también esta araña y esta luz de la luna entre los árboles, e incluso también este instante y yo mismo. ¡El eterno reloj de arena de la existencia se invertirá siempre de nuevo y tú con él, pequeña partícula de polvo!”?

La gaya ciencia, Friedrich Nietzsche

Hace unas semanas reseñé la película Arrival (2016), del director Denis Villeneuve, basada en el relato Story of Your Life (1998), de Ted Chiang. En esta ocasión le dedico unos minutos al texto original. No sintetizo nuevamente el argumento de ambas obras, que puede leerse en la entrada anterior. Me interesa recuperar un punto específico compartido por ambas: el regalo que la civilización alienígena le da la especie humana es un lenguaje no linear que permite percibir a una vez las dos grandes direcciones del Tiempo, pasado y futuro. Como dije en aquella ocasión, con este giro la historia de la Dr. Louise Banks adquiere una dimensión ética y hasta posibilita un debate sobre el libre albedrío: si conocemos nuestro futuro, ¿somos realmente libres o no? ¿Conocer el futuro significaría que está decidido de antemano? De ahí el epígrafe que elegí para esta nota. Si bien la doctrina del Eterno Retorno nietzscheano nos manda en una dirección distinta, por sus matices, el parágrafo de Nietzsche y el relato de Chiang giran en torno a la volición humana y la consciencia sobre el sentido de la vida.

Lo primero que llama la atención del relato de Chiang es la elección temporal y de persona: el discurso intercala el tiempo futuro dirigido a una segunda persona (Hannah) la hija de Banks), que sirve para dar cuenta de la vida de Hannah, quien todavía no ha nacido; y el pasado contado en primera persona, que informa de los hechos (pasados) que llevaron condujero, precisamente, al nacimiento de Hannah. La narradora explicita desde el inicio que conoce el futuro:

I know how this story ends; I think about it a lot. I also think a lot about how it began, just a few years ago, when ships appeared in orbit and artifacts appeared in meadows. The government said next to nothing about them, while the tabloids said every possible thing. And then I got a phone call, a request for a meeting (s.p).

El discurso de Banks nos va llevando poco a poco a través de lo acontecido, a la vez que asistimos a su suerte de monólogo con la hija… que no ha nacido… aunque de alguna manera existe ya. Cito a Banks:

I remember one day during the summer when you’re sixteen. For once, the person waiting for her date to arrive is me. Of course, you’ll be waiting around too, curious to see what he looks like. You’ll have a friend of yours, a blond girl with the unlikely name of Roxie, hanging out with you, giggling (s/p).

El juego temporal queda instaurado. Y quien lee comienza a tener sospechas acerca de lo que ocurre: ¿cómo puede Banks conocer el futuro? La sospecha principal es, claro, que algo tiene que ver con la llegada de alienígenas. Recordemos que éstxs han desarrollado un lenguaje sintético y “circular” en varios sentidos. Vuelvo a compartir ejemplos visuales de la escritura heptápoda.

En algún punto del relato, Banks y Gary, personajes principales, discuten sobre el Principio de Fermat: el camino seguido por un rayo luminoso para ir de un punto a otro es el que se recorre más rápido, o sea, el del “tiempo mínimo”. Años después, el principio fue corregido: la luz siempre recorre el camino mínimo o, por el contrario, el máximo. Como anoté en la reseña anterior, Chiang lo recuperó para dar pie a una controversia: ¿cómo puede la luz conocer cuál es el recorrido más rápido? ¿Cómo puede percibir o saber qué trayecto es el camino mínimo o, en todo caso, el máximo)? Aunque se trate de un fenómeno natural, las preguntas que genera y las respuestas que anticipa dan para mucho… La luz no posee consciencia, pero esto no le impide “calcular” las opciones posibles dentro de su horizonte de acción y, con el panorama completo, decidir la ruta más conveniente en términos temporales. Es como si la luz fuese capaz de percibir también poseyera el secreto de escritura heptápoda… Curiosamente, esa escritura implica una tremenda dimensión ética (no sé de qué otro modo llamarla). Cito por extenso a Banks:

The heptapods are neither free nor bound as we understand those concepts; they don’t act according to their will, nor are they helpless automatons. What distinguishes the heptapods’ mode of awareness is not just that their actions coincide with history’s events; it is also that their motives coincide with history’s purposes. They act to create the future, to enact chronology.

Freedom isn’t an illusion; it’s perfectly real in the context of sequential consciousness. Within the context of simultaneous consciousness, freedom is not meaningful, but neither is coercion; it’s simply a different context, no more or less valid than the other. It’s like that famous optical illusion, the drawing of either an elegant young woman, face turned away from the viewer, or a wart-nosed crone, chin tucked down on her chest. There’s no “correct” interpretation; both are equally valid. But you can’t see both at the same time.

Similarly, knowledge of the future was incompatible with free will. What made it possible for me to exercise freedom of choice also made it impossible for me to know the future. Conversely, now that I know the future, I would never act contrary to that future, including telling others what I know: those who know the future don’t talk about it. Those who’ve read the Book of Ages never admit to it.

Libertad y coacción son conceptos humanos… demasiado humanos. En este relato la revelación de esta verdad no moviliza a la protagonista, como suele ocurrir habitualmente en relatos de ciencia ficción, a rebelarse, a rechazar su suerte… Si bien tampoco la hunde en la inacción. Esto es lo que me pareció más estupendo. Banks está por encima de todo ello. Y hay otra vuelta de tuerca:

If I could have described this to someone who didn’t already know, she might ask, if the heptapods already knew everything that they would ever say or hear, what was the point of their using language at all? A reasonable question. But language wasn’t only for communication: it was also a form of action. According to speech act theory, statements like “You’re under arrest,” “I christen this vessel,” or “I promise” were all performative: a speaker could perform the action only by uttering the words. For such acts, knowing what would be said didn’t change anything. Everyone at a wedding anticipated the words “I now pronounce you husband and wife,” but until the minister actually said them, the ceremony didn’t count. With performative language, saying equaled doing.

For the heptapods, all language was performative. Instead of using language to inform, they used language to actualize. Sure, heptapods already knew what would be said in any conversation; but in order for their knowledge to be true, the conversation would have to take place.

El lenguaje pasa de ser una forma de la comunicación a una forma de la acción. De algún modo, valdría decir que vuelve a ser como la palabra prístina, que engendra la realidad al ser pronunciada… Y Louise Banks se ha asomado al secreto de ese universo no-humano, no-lineal.

Volvamos al epígrafe, en el que alguien pregunta qué sentiríamos si un demonio nos susurrara al oído, no tanto que viviremos una y otra vez la misma vida, sino que la vida que tenemos se extiende en todo el espectro temporal y, por lo tanto, no admite cambios: “Y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer, cada pensamiento y cada suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida deberá volver a ti, y todo en el mismo orden y la misma secuencia –e incluso también esta araña y esta luz de la luna entre los árboles, e incluso también este instante y yo mismo”. La luz ha calculado la ruta más corta o la más larga, y a nosotrxs nos toca hacer ahora lo que ya hicimos y haremos, sabiendo que lo hemos hecho o lo haremos. ¿Cómo nos haría sentir eso? ¿Más libres? ¿Más sometidxs? Tal es el demonio que Chiang, a través de este bello relato, hace llegar a nuestros oídos.


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