Entre bichotas y seres de luz: de las hienas y la (falta de) imaginación

Truth is a matter of the imagination.

Ursula K. LeGuin, The Left Hand of Darkness

1.

En su libro de 2018 The Truth About Animals[1] [La Verdad Acerca de los Animales], la zoóloga británica Lucy Cooke asume la entrañable labor de defender el honor mancillado de ciertos animales que, a lo largo de los años, han ido adquiriendo en nuestro imaginario colectivo características negativas que, en muchos casos, son muy lejanas a la realidad. 

De entre los animales que Cooke describe, hay uno que resulta particularmente despreciable –si atendemos a su papel habitual en la cultura– y cuya mala reputación parece ser indicativa de prejuicios que se extienden de manera insidiosa en nuestras interacciones humanas, y demuestran tal vez lo limitado de ciertas imaginaciones. Estoy hablando de la hiena; cuya especie más conocida, la hiena moteada (Crocuta crocuta) suele ser blanco del desprecio cultural generalizado. 

Hiena moteada, Thomas Pennant, 1793.

Desde Hemingway, que la describe como “hermaphroditic self-eating devourer of the dead, trailer of calving cows, ham-stringer, potential biter-off of your face at night while you slept, sad yowler, camp-follower, stinking, fowl, with jaws that crack the bones that the lion leaves, belly dragging, loping away on the brown plain, looking back, mongrel dog-smart in the face.” [hermafrodita, caníbal, devoradora de los muertos, rastreadora de vacas parturientas, paralizadora, posible mordedora de tu cara en la noche mientras duermes, aulladora triste, perseguidora de campamentos, apestosa, gallina, con quijadas que rompen los huesos abandonados por el león, arrastrando la barriga, corre por la planicie café, mira para atrás, con mirada inteligente de perro mestizo][2], hasta Disney, que las hace en parte responsables de la muerte del noble Mufasa, todxs parecen estar de acuerdo en el fuerte desagrado por estas muchachas que, en mi opinión, son más bien simpáticas con sus caritas de oso confundido y su pasito chistoso de burrito espantado. 

Estoy consciente de que mi opinión no es muy popular, pero más allá de cuestiones estéticas, ¿de dónde viene tanto odio por este animalito inteligente y escandaloso?

Al menos en parte, tengo la certeza de que el desagrado por las hienas viene de ciertas dificultades históricas para clasificarlas. En las distinas ediciones de su Systema Naturæ, Linnaeus las consideró familiares primero de los gatos, luego de los perros. Se equivocaba en ambos casos. Otros, como Sir Walter Raleigh, las creyeron híbridos de varias especies. Yo acabo de decir que sus caras me parecen más bien ursinas, pero resulta que en realidad son parientes sobredesarrolladas de las mangostas, con algunas de las cuales comparten el espíritu gregario y la lealtad intensa para lxs miembrxs de la manada. Sabemos que, desde el mítico Adán encargado de nombrar y clasificar, la masculinidad suele traer bajo el brazo papel y lápiz preparados para calmar su insaciable afán taxonómico; es comprensible entonces el estrés causado por estos animalitos difíciles de definir. Pero si hay algo que a los hombres estrese más aún que la indefinición en cuestión de clasificaciones familiares, este algo es muy probablemente la ambigüedad en cuestiones de género y sexualidad.  

Genitales masculinos (Abb. 1) y femeninos (Abb. 2) de la hiena moteada.

El mito de la hiena andrógina, dice Cooke, viene de tiempo atrás; está presente en el folclor africano, fue debatido por Aristóteles y Plinio el Viejo consideraba que probablemente cambiaban de sexo cada año, o al menos era ésta la noción popular. La creencia viene de la observación: las hienas hembras parecen tener genitales masculinos. Su clítoris está desarrollado al grado de ser visualmente indistinguible de un pene, sus labios vaginales están unidos formando algo parecido a un par de testículos. Las hembras suelen ser también más grandes y fuertes que los machos, controlan cuándo embarazarse (lo cual las vuelve unas chicas libres que disfrutan su sexualidad al máximo con cuanto muchacho-hiena les parece atractivo) y la forma curiosa de sus genitales vuelve imposible para los machos lograr cualquier tipo de acción sin el consentimiento de sus posibles parejas. Tampoco se les ocurriría intentarlo porque, claro, suelen encontrarse en desventaja si se piensa en una posible confrontación violenta (la masculinidad de los chicos-hiena no viene cargada de violencia excesiva, represión de las emociones, puñetazo-a-la-pared, miren qué lindo). Para más detalles biológicos fascinantes, voy a apuntar al libro de Lucy Cooke; baste ahora decir que las hienas son, de las planicies africanas, las más perras sorprendentes, curvilíneas y elocuentes (literal, su vocabulario es increíblemente amplio), magníficamente colosales, extravagantes y animales.   

2.

De las instancias de imaginación masculina ante la perplejidad causada por la hiena, quisiera mencionar una que me parece especialmente descriptiva de las limitaciones que modelan ciertas concepciones de la realidad. Entre las conocidas fábulas de Esopo, de las cuales los libros de primaria de mi generación se vieron ampliamente nutridos, hay dos que tienen como protagonistas a mis chicas favoritas de la sabana: “La hiena y la zorra” y “Las hienas”[3]. La primera habla de cómo la hiena, al preguntar a la zorra por qué no quería ser su amiga, recibe la siguiente respuesta: “No me lo reproches a mí sino a tu naturaleza que hace que no sepa si tendré una amiga o un amigo”[4]. Una entonces se pregunta, ¿por qué era tan importante para la zorra saber el género de su posible amistad? No tengo respuesta para esto, de modo que paso a la segunda fábula en la cual parece haber una violación “contra naturaleza”[5] (me rehuso a examinar a profundidad el sentido de esta frase) de parte de una hiena que en ese momento se encontraba en modo masculino hacia una que se encontraba en modo femenino. La moraleja parece ser que todxs pasamos por situaciones en las que ejercemos poder ante otrxs, y también estamos a veces sujetxs al poder ejercido por lxs demás. 

Que las dos fábulas parten de una percepción (tan,tan) errónea de las particularidades biológicas de la Crocuta Crocuta, sobra decirlo y además no es el punto en este momento. Que ante las maravillosas posibilidades de la fantástica hiena andrógina Esopo haya limitado su triste (falta de) imaginación a ejemplificar anécdotas de mezquindad, desconfianza y abuso me parece, en cambio, notable por desafortunado. 

3.

Tiene sus méritos a veces permanecer voluntariamente en el error, especialmente cuando éste puede llevar a posibilidades tan lindas. Confrontado con la posible androginia, Esopo vio una peligrosa disrupción en el orden de las cosas del mundo. No vio, como Platón un poco en broma describía, un hermoso gigante completo en sí mismo; tampoco un místico ser de dos espíritus, ni el Rebis alquímico, símbolo de perfección divina. Ante la ruptura de los esquemas, la censura y el juicio cumplen con su función ­–por algo Esopo llegó a mi libro de primaria– pero ay, qué desperdicio. 

Como siempre ante la más mínima provocación, voy a hablar de Úrsula LeQueen… perdón, LeGuin, Nuestra Reina, Señora de la Imaginación y Patrona de los Mundos Posibles. Frente a la idea de lo andrógino, LeGuin responde con la propuesta, en The Left Hand of Darkness[6] [La Mano Izquierda de la Oscuridad], de una difícil pero hermosa reconciliación. El amor al que la zorra de Esopo no pudo acceder lo conquista el oscuro Genly Ai cuando en lugar de ver las reglas rotas, los esquemas destruidos, decide poner la mirada en “the other worlds among the stars–the other kinds of men; the other lives.”[7] [los otros mundos entre las estrellas–los otros tipos de personas; las otras vidas]. Cabe mencionar que en Estraven, hermoso coprotagonista de esta historia de diferencias, LeGuin no se contenta con romper la rigidez del género: juega también con otro tabú tal vez más arraigado, el incesto. 

4. 

De las dos fábulas, la más perturbadora por violenta en esencia es la de las dos hienas. Esopo habla aparentemente contra el abuso de poder, pero su razón para evitarlo es la posibilidad de sufrir en el futuro algún abuso semejante. Sobra decir que su lógica es fallida: quienes cometen abusos rara vez pagan sufriéndolos. En la vida real, el poder no cambia de manos de un año a otro. Lo más desolador, sin embargo, no es lo débil de la supuesta moraleja sino la total aceptación de la estructura que permite el abuso y la ausencia sistemática de la empatía o, como mínimo, alguna idea de justicia. Es posible sin embargo que yo misma, en mi opinión del viejo fabulista, caiga bajo el peso del género y la necesidad de vindicación. Ofrezco disculpas: no soy una hiena y tampoco, tristemente, una reina gloriosa de la imaginación. 

Cachorros de hiena moteada.

5.

Las hienas no quedan en realidad fuera de las dinámicas de género. La suya sigue siendo una estructura de colaboración y dominación basada en el sexo, aunque a mis oídos cansados del ruido de este mundo misógino su estructura clitoricéntrica suene por momentos refrescante. Pero clitoricéntrico es el reverso de falocéntrico y no sé si me siento cómoda con la noción, de modo que, en un intento por crecer de adentro, decido seguir viendo en ellas la magia de lo inclasificable.  


[1] Lucy Cooke, The Truth About Animals: Stoned Sloths, Lovelorn Hippos and Other Tales from the Wild Side of Wildlife (Hachette: New York, 2018)

[2] op. cit.  edición electrónica. 

[3] Esopo, Fábulas trad. Pedro Bárcenas de la Peña (Gredos: Barcelona, 2019)

[4] op. cit. p. 142

[5] ibid

[6] Ursula K. LeGuin, “The Left Hand of Darkness” en Hainish Novels and Stories, Volume One (Library Classics of the United States, Inc: New York, 2017)

[7] op. cit.  p. 608


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s