Del lado de las palabras

¿En qué momento dejamos de cantar, de jugar a todas horas, de fabular salidas maravillosas a los contratiempos que no siempre existen? ¿En qué momento se vuelve impostergable y obligatorio vivir más aferrados a las razones que a la intuición? ¿De dónde viene la idea de que la inteligencia nada tiene que ver con la imaginación? Si algo encuentro de formidable en la literatura, es su poder para dejar en suspenso todas estas interrogantes y devolverme a veces de lleno a aquellos tiempos donde canto, música, juego, adivinanza, fabulación, intuición e inteligencias varias conformaban el pacto obligado conmigo misma para pasar por cada día.

De muchas maneras, La puerta entreabierta (2013) de Fernanda Kubbs (seudónimo de Cristina Fernández Cubas |Barcelona 1945), es una novela con este gran poder, pues a cada vuelta de página hay un suceso que nos sumerge en el asombro, en la duda o en esa incertidumbre placentera de no poder anticiparnos a lo que va a pasar. Con una mezcla de humor y múltiples referentes literarios e históricos, que van desde El Quijote hasta Alicia en el país de las maravillas, Kubbs va articulando un entramado cargado de signos que descifrar, como tendiendo una invitación a traspasar la puerta siempre entreabierta entre eso que llamamos el mundo tangible y un “algo más allá” abstracto, impreciso, pero capaz de dotarnos de un mínimo sentido provisional.

La protagonista de esta historia es Isa, una joven reportera que ha sido enviada a entrevistar, muy a pesar suyo, a la Gran Krauza Demirovska, una adivina que está de paso por la ciudad. La incredulidad de Isa respecto al mundo de la adivinación no es lo único que predispone su entrevista con Madame Krauza, sino el hecho de saber que le han pedido cubrir esa “noticia” como una suerte de puesta a prueba por parte del nuevo redactor en jefe del diario donde labora. Sin embargo, lo que en un principio se perfila como un diálogo absurdo entre la adivina y la incrédula, pronto culmina en un hecho inexplicable que será determinante para ambas: como por una suerte de conexión extraña entre ellas, Isa ha reducido considerablemente en tamaño y ha quedado atrapada al interior de la esfera de cristal de la adivina.

En adelante, la novela correrá de forma vertiginosa, pues en cada capítulo seguiremos la experiencia de Isa al interior de la esfera, en un primer momento en el salón de Madame Krauza (que en realidad se llama Pepa) y luego, una vez que la adivina vende la esfera ya que no puede vivir con el remordimiento de lo que ha hecho y no sabe cómo revertirlo, en El Baúl de Doble Fondo, una tienda de antigüedades regenteada por un tal Baltus y a donde ha ido a parar la esfera luego de pasar a manos de un gitano y un mercachifle de baratijas.

El destino de Isa empieza a depender de Baltus, quien se compadece de ella y se esfuerza, junto con sus vecinas gemelas Luz y Paz, en descifrar qué había pasado en la consulta con la Gran Demirovska y cómo conseguir que Isa saliera de la esfera y volviera a su tamaño normal. Si bien las pesquisas de estos personajes marcan el hilo conductor de la historia, también encontraremos cuentos y narraciones intercalados que a su vez nos ofrecen (o juegan a ofrecer) pistas de lo que pudo haber pasado o por lo menos ciertas informaciones de la naturaleza del fenómeno que están enfrentando los personajes. Algunas historias están basadas en hechos reales aunque parezcan disparatadas, como la “Historia de las hermanas Fox”, consideradas creadoras del espiritismo moderno; o “El caso que Sherlock Holmes no supo resolver”, en el que se narra cómo las primas Elsie Wright y Frances Griffiths se habían fotografiado a mediados de 1917 en compañía de hadas y gnomos.

La puerta entreabierta se abre así completamente para colocarnos de lleno en los cauces intrincados del mundo de la magia, los significados que hay en los sueños, las canciones de infancia, la fantasía y por supuesto, en el mundo maravilloso de las palabras y sus sentidos. En una evocación de ciertos ejercicios cabalísticos consistentes en permutaciones de letras y palabras para invocar a Dios, los personajes se meten de lleno en un juego de Scrabble o Intelect, que es al final de cuentas lo que termina por ofrecerles parte de la solución al problema de Isa, a la par con los signos sembrados en las cosas de a diario y que sólo se manifiestan si los miramos a la luz de la intuición. Las aventuras entonces se perfilan con otros paisajes y otros sucesos no menos extraordinarios: una ciudad espejo tal vez recuperada de Calvino, la sugerencia de un doble o doppelgänger de Isa y los demás personajes que habitan en la ciudad reflejada, la historia dentro de la historia protagonizada por una especie de Loco extraído del Tarot, el sueño configurado como un cuento en cuyo final podría estar la salvación.

Como toda la novela, el final es por demás impredecible… evito más spoilers, pero sí puedo decir que además de todo lo anterior La puerta entreabierta termina siendo una botella lanzada al mar y, para quien quiera o tuviese la suerte de encontrarla, un recordatorio de que quizás la conexión más genuina con el mundo y con quienes lo habitamos se encuentra del otro lado de la puerta, del lado del juego, la música y la danza, la imaginación, los sueños y por supuesto, del lado de las palabras.

Kubbs, Fernanda. La puerta entreabierta. Barcelona: Tusquets, 2013.


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