Un lugar detrás de las palabras

“Me fui de viaje a un lugar en ruinas”
Anne Carson

Hay encuentros de los que una sale preguntándose qué pasó. Como en aquel juego infantil en el que tras repetir una palabra cientos de veces casi se la despoja de su significado. Queda ahí sólo el sonido. Se hace de la palabra común una palabra extranjera.

Traigo a cuenta esta experiencia porque eso es algo de lo que como lectora me ocurrió con Un amor, novela de Sara Mesa1.  Nat, la protagonista, recién realizó un desvío vital y parece, muy a propósito, haber tomado un camino feroz. Se ha mudado de pueblo, no de planeta. De cualquier forma, las cosas lucen absolutamente distintas.

La Escapa es el lugar de llegada. Un nombre sugerente para el éxodo de una mujer que va como quien huye de un montón de cosas. Alguien que rompió la aparente armonía que la rodeaba como se rompe un cristal de emergencia, en este caso para salir en busca del incendio. Una vez ahí, se instala en un estado precario que parecería haber sido construido paso a paso por ella misma. Sabe que podría tomar el auto y salir de ahí casi corriendo, pero una fuerza invisible la mantiene atada. La atmósfera recuerda con facilidad a la película Dogville2, excepto por una cosa, a esta protagonista no hay ningún Big Man que la salve.

En ese espacio simbólico la distinción entre el adentro y el afuera cobra gran importancia. Las serpientes, los hombres, el agua, entran a la casa y a la vida de Nat sin que ella se vea en posibilidades de hacer otra cosa más que observar. Así también observa los vínculos amorosos de los que ha sido expulsada “un mundo que ahora es lejano, incomprensible y doloroso. Pero ¿acaso no era así desde el principio: lejano, incomprensible y doloroso? Sí, se responde, pero antes ella estaba dentro, y ahora está afuera”.

Desde ahí es posible percibir las transformaciones en lo más próximo: “Como el dinero, también el capital erótico se va escurriendo sin que uno se dé cuenta, solo se toma conciencia de él cuando desaparece, y se escudriña en el espejo con una mirada desprovista de piedad”. El cuerpo se enfría, duele, extraña y se degrada un poco cada día. No es posible razonar con él, no admite concesiones.

Lo que la autora pone sobre la mesa con esta novela es uno de los riesgos inherentes al lenguaje. A lo largo de la narración está presente todo el tiempo la pregunta acerca de si en realidad podemos entender algo acerca de eso que pasa cuando nos relacionamos con otros, ¿no son las palabras un misterio apuntando a otro misterio?

Nat, en principio, se dedica a la traducción (guiño) de la obra de una autora que no escribió en su lengua materna sino en la lengua del país donde se exilió (guiño-guiño) al principio Nat pensó que sería una ventaja para la traducción, pero esto se le está empezando a revelar como lo contrario. Ahora se ve obligada a dilucidar si la aparición de cada palabra inesperada se debe a un error (…) o si es un efecto buscado tras una intensa meditación. No hay modo de saberlo.”

Es esa sensación la que se le hace presente al tratar de entender las dinámicas y personas del lugar. Nat todo el tiempo se pregunta si aquello que la ha desconcertado es en verdad algo digno de desconcertar o si se lo ha imaginado todo. Piensa: Una vez que cae una certeza ¿por qué no habrían de caer todas? Algo se escurre: en las palabras, en las sonrisas, en el deseo.

El encuentro de Nat con Andreas, un hombre solitario que presuntamente lleva mucho tiempo sin relacionarse con una mujer, es abrumador. Por decir lo menos. Andreas empieza y termina en sí mismo, lo demás tiene una importancia igual a cero. La protagonista está todo el tiempo problematizando los silencios de él, tratando de hacerles una suerte de alquimia que colabore a la interpretación.

Por otro lado está Sieso un perro que ella adopta y a quien trata,  por todos los medios, de domesticar, de llevarlo un poco a empujones al territorio de la ternura. La naturaleza animal de Sieso proporciona un un giro inesperado en la trama de la novela y también una serie de angustiosas preguntas para quien lee. 

El personaje de Nat no termina de asumir la hostilidad del mundo y por esa vía se expone aún a más hostilidad. Pasa entonces por La escapa dándole la razón en algún sentido a todos. Presiente una torcedura en los actos en los que está involucrada, pero no logra señalarlos. Quizá porque para eso habría que optar por una lectura de entre todas las posibles y luego, con suerte, abandonar las demás. Habría que quemar los puentes.

Es una novela que asfixia y que sofoca. Toda la serie de planteamientos morales que se le presentan a la protagonista traspasan la frontera del libro y cuestionan directamente a quien lee. No hay lecciones en esta novela (por fortuna), sólo preguntas y desconcierto.

1 Mesa, S. (2020). Un amor (Vol. 651). Anagrama.
2 Von Trier, L., Kidman, N., Andersson, H., Bacall, L., Barr, J. M., & Bettany, P. (2004). Dogville. Zentropa Entertainments [prod.].


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